Liderazgo, team building y eventos
2026
¿Qué puede aprender una empresa del «efecto Haaland»?
Madrid, julio de 2026.
Noruega acaba de eliminar a Brasil y Erling Haaland vuelve a ser protagonista. Pero lo más comentado del partido no fueron sus goles. Fue lo que ocurrió después,miles de personas remando al unísono en la grada, guiadas por un tambor, mientras el estadio entero se mueve como una sola masa, todos al mismo ritmo.
Ese gesto lo inventó un hincha, hace unos años, como un ritual pensado para transmitir fuerza colectiva al equipo antes del partido. Cada aficionado sabe cuándo entra, cómo se suma, qué significa. Y lo que lo hizo viral no fue solo la coreografía, fue también quién decidió liderarla de forma absolutamente genuina.
Suele compararse a las organizaciones con un barco: en aguas calmas cualquier embarcación navega sin esfuerzo, pero es en la tempestad, en los momentos difíciles, donde se ve la calidad real del liderazgo. Tras el pase a cuartos, la superestrella Haaland se sentó en el césped, hombro con hombro con su equipo, para marcar el ritmo del tambor y guiar la coreografía de su afición. Una figura mundial actuando, durante ese minuto, como uno más del grupo.
Este es el mismo principio que sostiene cualquier estrategia seria de team building. El sentido de pertenencia (que no se puede decretar simplemente leyéndolo en un brandbook), se construye, se ritualiza y se repite hasta que deja de ser un acto puntual y se convierte en una respuesta colectiva.
El «efecto Haaland» en tres claves de liderazgo
- Liderazgo horizontal: los líderes más efectivos saben bajar al nivel operativo para conectar de verdad con su equipo. Una actividad de team building bien diseñada reproduce exactamente eso: saca a directivos y equipos del organigrama por unas horas y los pone a resolver, jugar o construir algo juntos, en igualdad de condiciones.
- Priorización del éxito colectivo: el rendimiento individual solo tiene valor si se traduce en un logro compartido. Celebrar los hitos en equipo, no solo premiar al que más destaca, es lo que fortalece la cultura interna y alinea a las personas con los objetivos del negocio. El team building es una herramienta que se convierte en un ritual de equipo: se celebra el avance de todos. Juntos hacia un mismo objetivo.
- Sincronización y ritmo organizacional: marcar el compás para que todo el equipo avance junto es lo que simboliza una gestión coordinada. Un buen liderazgo establece una velocidad de trabajo sostenible que evita el desgaste.
Y esto, ¿cómo se lleva a un evento?
Tres formas muy concretas de activarlo:
- Convierte la participación en juego. Cuando hay competición, aumenta la implicación. Retos por equipos, rankings, quinielas: cualquier dinámica que haga que la gente quiera participar, no solo mirar.
- Crea orgullo de pertenencia. Las personas recuerdan cómo las hiciste sentir. Sentirse parte de algo es de las emociones más poderosas que existen. Un evento bien diseñado refuerza identidad, cultura y orgullo de pertenecer al equipo.
- Diseña experiencias para colaborar. En el fútbol nadie gana solo. En los eventos pasa lo mismo. Dinámicas donde las personas tengan que escucharse, decidir juntas y sumar talentos para un objetivo común.
Una actividad de team building bien diseñada es, literalmente, la construcción deliberada de un ritual de pertenencia, el mismo mecanismo que convirtió a una grada entera en un solo cuerpo moviéndose al unísono. Nadie se siente parte de un equipo porque alguien se lo explique en una diapositiva. Se siente parte cuando su cuerpo hace lo mismo que el cuerpo de los demás, al mismo tiempo, con un propósito común.
La reputación interna y el sentimiento de pertenencia en las personas se construye cuando cada experiencia compartida, con los esfuerzos que pone una organización al crear un evento, una convención, un offsite… la confirma.
Un evento corporativo no debería ser solo un momento para reunir personas, sino una oportunidad para construir cultura, liderazgo y sentido de pertenencia.
¿Tu organización tiene ya su propio «efecto Haaland»?